“Bullying” en La Rioja

La Asociación Contra el Acoso Escolar interviene en 42 casos de ‘bullying’ en La Rioja.

La entidad alerta de un repunte de los episodios de violencia verbal o físibulling--660x1847ca intramuros, que ya superan a los que se detectan en Internet
Los casos de acoso escolar crecen como la espuma. La percepción la ofrece la presidenta de la Asociación Contra el Acoso Escolar (ACAE), Encarna García. Un colectivo al que acuden padres desgarrados por ver cómo sus hijos son, en el mejor de los casos, el objeto de las burlas de sus compañeros de clase.

Hace apenas unas semanas salía a la luz el caso de dos menores de 14 años imputadas por acosar a una compañera de clase en un municipio de La Rioja. Pero éste y casos como éste, los que son objeto del debate público, no son más que la punta del iceberg de un fenómeno en ascenso. Sólo el año pasado ACAE recibió 187 llamadas desde La Rioja relacionadas de uno u otro modo con el acoso escolar. Si bien es cierto que la gran mayoría son peticiones de información, también es verdad que en la actualidad la asociación tiene puesta la lupa sobre 42 casos «reales y latentes» de ‘bullying’ que se producen en los centros escolares de la región y sólo un pequeño porcentaje de ellos termina en los juzgados, ya que el resto se intenta solventar en los propios colegios.

«Todavía hay mucha ley del silencio motivada por el miedo de las víctimas a ser aún más víctimas»

Sin ofrecer demasiados detalles sobre un fenómeno que afecta a menores y del que, por tanto, se limita a hablar a grandes trazos, Encarna García explica que el acoso que se da intramuros, es decir, el que se produce dentro de los centros escolares, supera al que se registra en las redes sociales. «El acosador o acosadora quieren ver cómo sufre su víctima y ese placer sólo lo obtienen intramuros», apunta.

La presidenta de ACAE no habla a humo de pajas. Su hija se fue de casa con nueve años y medio. Se despidió de sus padres con una escueta nota que dejó sobre la cómoda: «Papá, mamá os quiero mucho, pero me voy de casa porque en el colegio no tengo amigos». Las horas que vinieron después reconoce que fueron una «auténtica pesadilla» hasta que encontraron a la pequeña deambulando cerca del colegio completamente desorientada. Afortunadamente su pequeña es ya una joven que ve desde lejos aquella etapa en la que ir al colegio llegó a convertirse en un martirio tal que le hizo irse de casa.

De acuerdo con sus cálculos, en La Rioja, el 3% de los alumnos de Educación Primaria sufre acoso escolar. Un porcentaje que se eleva hasta entre el 6 y el 8% en la etapa de Secundaria. «Se da más en Secundaria porque si el problema no se soluciona en Primaria luego se sienten más fuertes». De hecho, considera que primer y segundo curso de la ESO «son los peores años, en los que el acoso es mayor».

La diferencia puntúa

La respuesta a la pregunta de por qué un niño es acosado también tiene respuesta: basta con ser diferente. El hecho de peinarse de una forma y no de otra, ser gótico o incluso padecer una enfermedad rara es objeto de la burla, en ocasiones extrema, de los compañeros de clase. La envidia es otro factor importante y si el alumno destaca en clase «también puntúa para que le machaquen».

Pese a la extendida creencia de que los casos de acoso también se dan por xenofobia, desde ACAE rechazan esta afirmación. «El acoso por racismo son habas contadas», sostienen. En cuanto al sexo del acosador, también han detectado un aumento del ‘bullying’ entre niñas, que supera al de niño contra niño, y «lamentablemente ellas son mucho más crueles que ellos».

El problema con el que se topan las familias de los niños que sufren acoso es que «la dirección de los colegios mira hacia otro lado y los docentes también». Se habla, de acuerdo con sus datos, «de que el 80% de los docentes mira hacia otro lado en estos temas y el tópico habitual es decir que son cosas de niños». En su opinión, banalizan el tema «hasta lo inimaginable».

Los primeros signos de alarma, que por lo general se escapan a los padres, son los síntomas psicosomáticos, como dolores de cabeza, ganas de vomitar, todo para intentar demorar ir al colegio. Suelen ser más intensos los domingos o cuando se aproxima la fecha de regreso a clase después de un periodo de vacaciones. Una vez que se detecta hay que actuar de manera inmediata alertando al centro escolar. Si no funciona verbalmente, desde ACAE -asociación con sede en Asturias pero que recoge casos de toda España- recomiendan presentar un papel en el registro del colegio o incluso en la delegación de Educación. Cuando se da este último paso es cuando por lo general «la cosa cambia y la situación da un giro de 180 grados», apunta Encarna García.

No obstante, las cifras sólo dan una idea de una mínima parte del acoso existente en las aulas. Hay un ‘bullying’ soterrado porque existe mucho miedo. «Temor a que te llamen chivato o chivata, a que la gente te siga haciendo más daño, incluso hay niños que llegan a sufrir el síndrome de Estocolmo, es decir, es un problema muy amplio y muy duro de solucionar», concluye.

www.larioja.com

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