Cómo se perpetúan ‘el rosa y el azul’.

 

Gracias a las luchas de miles de mujeres –también hombres-, vivimos en una sociedad donde la igualdad entre hombres y mujeres queda recogida en las leyes y en la que nadie –o muy pocos- con un micrófono delante manifestaría que las mujeres son iarton11718nferiores o peores que los hombres. Sin embargo, la desigualdad de género existe y cotidianamente advertimos muestras de conductas que la avalan y que sustentan la violencia hacia las mujeres. En palabras de Ana de Miguel Álvarez, se trata de un “patriarcado blando” basado en el “consentimiento”.

La profesora de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coordinadora del Doctorado en “Estudios interdisciplinares de género” ha impartido la primera conferencia de la Jornada sobre ‘Micromachismos: Había una vez un machismo, ¿”chiquitito”?’ que organiza la Federación de Mujeres Progresistas durante hoy y mañana en Madrid. En su ponencia, titulada “La reproducción de la desigualdad en las sociedades formalmente igualitarias (y con políticas activas de igualdad)”, Ana de Miguel ha desmenuzado “cómo se desarrolla y transmite el rosa y el azul en el sentido más rancio”.

La experta ha señalado dos tipos de patriarcado. Uno duro, basado en la coacción, en el que las propias leyes, religión e ideología de Estado sostienen que las mujeres son inferiores a los hombres o su complemento. Otro, blando, en que hay un reconocimiento formal de la igualdad, pero en el que se perpetúan y transmiten las desigualdades a través de la “creación y el arte”, convertidas en fuentes de las que proceden “mitos muy poderosos” que dan sentido a la vida del ser humano y desde el cual toma sus decisiones. “El patriarcado de nuestras sociedades está basado en el consentimiento: nosotras elegimos libremente actuar al servicio de la vida de los hombres”, ha dicho, ilustrando su tesis con el ejemplo de películas como ‘El señor de los anillos” y las opciones que toman sus personajes femeninos.

La jornada ha sido inaugurada por la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Blanca Hernández, quien expuso que esos micromachismosson conductas tan interiorizadas que no somos capaces de detectarlas”, porque están enraizadas en el ámbito social y familiar y no se consideran lesivas.

Hernández expuso algunas de las conclusiones de los estudios realizados por la Delegación sobre violencia de género. El 92 por ciento de la población dice que la violencia de género es inaceptable, pero los datos cambian cuando se focalizan y precisan las preguntas y ejemplos. Para el 35,8 por ciento de las chicas y para el 36 por ciento de los chicos los celos “es una expresión de amor”. Tres de cada cuatro jóvenes han escuchado este consejo por parte de alguna persona adulta. Hernández señaló que cuando se pregunta a una chica joven si su pareja la controla, un alto porcentaje dice que no, pero cuando se le interroga sobre si sufre determinados ejemplos de comportamientos de abuso, como que su pareja le dice a la hora que tiene que llegar a casa si sale con sus amigas, es cuando afloran estos “micromachismos”.

Estereotipos

La Jornada pretende profundizar en una temática hasta ahora poco conocida para visibilizar estos comportamientos y poder desactivarlos. Los micromachismos son comportamientos desigualitarios tolerados socialmente y que están presentes en todas las esferas de la vida, desde los agentes de socialización como la familia, la escuela, el grupo de iguales, el lenguaje y los medios de comunicación, hasta otros ámbitos como el político, económico, laboral, social, religioso o deportivo”, ha explicado la vicepresidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, Ascensión Iglesias. A través de ellos se perpetúan estereotipos de género y se consolidan actitudes tanto en mujeres como en hombres que impiden avanzar en igualdad.

En ese sentido, Ana de Miguel explicó cómo se expresan estas conductas desde la infancia, con la costumbre de “poner pendientes a las niñas”, o con la vestimenta, o con el orden de los apellidos, con el interés de “comprender las fuerzas que actúan sobre nosotras para comprender los límites de nuestra elección”. Estas conductas determinan la posibilidad de acción de las personas. “Luchar para erradicarlas en una lucha llena de sentido”.

 Ameco

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