Normas para la clase.

Os adjuntamos este artículo que nos ha parecido de interés para establecer y aplicar posteriormente las normas en clase:

¿Quieres que las normas de clase sean efectivas? ¿Crees que respetar las normas de clase mejorará en clima en el aula? ¿Quieres saber si tu forma de enseñar las normas de clase es efectiva? Si es así, estaré encantado de que me acompañes en la lectura de este artículo. ¡Comenzamos!

Cómo conseguir que las normas de clase sean efectivas.

A la hora de abordar las normas de clase, todos los centros educativos parten o suelen partir del reglamento de régimen interno de su centro, es decir, parten del documento relacionado con las normas de convivencia. Dichas normas están pensadas para todo un centro, independientemente del nivel o curso en el que estén tus alumnos. Son normas generales que lo que pretenden es conseguir una buena convivencia tanto dentro como fuera de las aulas.

Aún así, en muchos centros que se rigen por estas normas no acaban de ser todo lo efectivas que se desearía. Y esto se debe a una concepción tradicional de las normas.
¿Por qué el “reglamento tradicional” de normas no siempre es efectivo?

Aquí van algunas razones por las que las normas de clase pueden no funcionar:

  • Son demasiado teóricas.
  • El alumno no les ve aplicación en el aula o centro escolar.
  • Todas las normas tienen la misma importancia.
  • Son excesivas, es decir, son más de diez.
  • El alumno no las siente como suyas, piensa que no van con él.
  • Hay normas innecesarias o redundantes.
  • El alumno no participa en la creación de dichas normas de clase, es decir, le vienen dadas por el docente o por el equipo directivo del centro.
  • Se dan todas las normas en una misma sesión.

Estos criterios de lo que considero normas tradicionales están muy instauradas en los centros educativos. Esto no significa que no sean efectivas, pero creo que de lo que se trata es de dar una vuelta de tuerca a dichas normas para que se conviertan en normas de clase efectivas y útiles.

Entonces,¿cuál es la mejor manera de enseñar las normas de clase?

10 Consejos para enseñar de forma efectiva y con éxito las normas de clase.

Aquí van algunos consejos o pautas que creo que pueden mejorar el buen cumplimiento de las normas de clase. Antes de continuar, me gustaría dejar claro que este artículo no tiene la intención de dar a conocer qué normas deberían aplicarse a los centros educativos. Dichas normas son normas que deben elaborar los centros y sería realmente conveniente que las consensuaran con toda la comunidad educativa. Hecha esta aclaración, aquí van algunas consideraciones sobre cómo gestionar las normas de clase en un aula:

1. Normas pogresivas. Se trata de evitar dar todas las normas de golpe y en la misma sesión lectiva. Si das todas las normas en una misma sesión, estas suelen quedar muy diluidas y al alumno le cuesta retenenerlas.

2. De lo urgente a lo importante. Es fundamental enseñar a los alumnos que no todas las normas de clase tienen la misma consideración. Si estas normas se enseñan de forma progresiva, podrá conseguirse que el alumno aprenda distinguir entre las esenciales y las importantes.

3. Menos es más. En función de la edad de tus alumnos, el número de normas debería ser distinto. Según la edad se podría optar por 3, 5 ó 10 normas de clase. En este sentido creo que las normas de clase nunca deberían se más de 10. Y si me apuras, creo que el número 5 sería un número excelente.

4. De la teoría a la práctica. En muchas ocasiones se piensa que con enunciar una norma de clase esta norma ya queda fijada en el grupo de alumnos. Desgraciadamente, esto no suele ocurrir. De nada sirve explicar las normas de clase. Las normas de clase no se explican. Las normas de clase deben enseñarse y la mejor manera de hacerlo es a través de la puesta en práctica, es decir, dar a conocer casos prácticos en los que los alumnos se puedan sentir identificados. Sería bueno que fueran los alumnos los que explicaran casos prácticos que conozcan.

5. Me puede pasar a mí. El alumno hará suya una norma si es consciente de que esa norma de clase le puede afectar directamente a él en algún momento del curso escolar. ¿Qué significa esto? Que debes intentar que el alumno interiorice esa norma y se la haga suya.

6. De la palabra al texto. Para fijar una norma de clase no es suficiente con enunciarla en voz alta. Por tanto, de lo que se trata es de fijar dichas normas de clase por escrito. Una actividad que funciona realmente bien es colocar a los alumnos en grupos y que cada grupo trabaje con una norma determinada. Dicho trabajo podría ser un collage, una norma dibujada de una situación determinada, etc. Una vez trabajadas estas normas, cada grupo a través de un portavoz la explicaría al resto de sus compañeros. Finalmente, se pordrían colgar en las paredes del aula.

7. Acción y reacción. Otro aspecto que me gustaría destacar a la hora de dar a conocer las normas de clase tiene que ver con las consecuencias de no cumplir con dichas normas. De nada sirve enseñar una norma si el alumno desconoce cuál es la consecuencia de incumplirla. En este sentido, hay que ser muy claro porque cada derecho implica en cierto modo un determinado deber.

8. Las normas y sus circunstancias. Es importante hacer ver a los alumnos que el cumplimiento de una norma va en consonancia a las circunstancias que pueden rodear dicha norma, circunstancias que tienen que ver con la edad, el grupo, la materia, el entorno escolar, etc. De ahí que sea realmente útil hacer supuestos con el grupo y ver los posibles matices que toda norma encierra.

9. Las normas también se hacen mayores. Otro aspecto que me gustaría destacar es que las normas no deberían ser algo que se enseña solamente a principio de curso y quedan como algo inamovible. La normas deben ser algo vivo y deberían estar sujetas a los cambios que se producen por determinadas circunstancias. Esto quiere decir que se deberían poder eliminar, incorporar, matizar e cambiar su orden importancia.

10. La finalidad de una norma. He querido acabar estos consejos u orientaciones acerca de las normas de clase haciendo hincapié en la importancia de no sólo enseñar una norma, sino de transmitir a los alumnos qué finalidad tienen cada una de las normas trabajadas en el aula. Entonces, ¿para qué sirve una norma? Una norma debería ayudar a un alumno a crecer en su desarrollo personal, a asumir determinadas responsabilidades y a tomar las mejores decisiones.

Fuente:justificaturespuesta

Título de FP en Promoción de la Igualdad de Género.

La Comunidad de Madrid crea por primera vez un título de Formación Profesional (FP) de grado superior en Promoción de la Igualdad de Género, que tendrá dos años de duración y se impartirá este mismo curso 2018-19 en el IES Barrio de Bilbao de la capital.

El Consejo de Gobierno regional ha aprobado hoy el plan de estudios de ese título de Técnico Superior, que tendrá un total de 2.000 horas lectivas y dotará a los alumnos de “las capacidades para que puedan prestar servicios de igualdad de género, tanto en el ámbito público como privado en instituciones y entidades que prestan servicios para hacer efectiva la igualdad entre hombres y mujeres”.

El currículo contará con 14 módulos que tratarán asuntos como “la promoción del empleo femenino, las habilidades sociales, la participación social de las mujeres, prevención de la violencia, formación y promoción laboral o la comunicación con perspectiva de género”.

Además, la Comunidad de Madrid incorporará a este ciclo una asignatura de lengua extranjera profesional con el objetivo de mejorar las competencias de los estudiantes para facilitar su inserción en el mercado laboral.

“La Comunidad desarrolla multitud de acciones en los centros docentes con el fin de fomentar la educación en igualdad y fomentar que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades”, ha dicho el el vicepresidente regional y portavoz del gobierno, Pedro Rollán, en la rueda de prensa posterior al Consejo.

Con este objetivo, los centros docentes de la región ofrecen dentro de sus currículos contenidos transversales que tratan el tema de la igualdad de género en diferentes asignaturas.

Además, el Gobierno regional ha puesto en marcha durante el pasado curso escolar la asignatura de libre configuración ‘Respeto y Tolerancia’, que trata entre otros objetivos de concienciar acerca de la igualdad.

En concreto, explica los derechos de las personas y su derecho a no ser discriminados, sea cual sea su lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color de piel, religión, idioma o cualquier otra condición, como edad, discapacidad, estado de salud, orientación sexual o identidad de género.

Fuente: EFE

Semáforo del comportamiento.

Os adjuntamos este artículo que nos ha parecido de interés para la la Resolución de conflictos de forma pacífica en el aula:

El ‘semáforo’ del comportamiento es un recurso ideal para el aula.

Es nuestro panel visual del comportamiento. Se ha colocado un título, además de bolsillos en cada color donde incluir las flechas con sus números de lista.

Recuerdo que a pesar de hablar de él a modo de semáforo por los tres colores, éstos se han colocado en distinto orden dando continuidad desde verde ‘gran comportamiento’ 🙂 , pasando por amarillo ‘¡Ten cuidado! Mejora el comportamiento’ o hasta el rojo ‘¡La liaste parda!’ 😦 .

Está situado junto a las normas del aula, normas de cambios de clase y derechos del alumnado. Es una guía visual del comportamiento, genial para la supervisión que puede hacer el docente o los propios alumnos. No olvidemos que los derechos y deberes han sido establecidos por ellos mismos.

Igualmente, recordamos que si bien podemos tener algún ‘despiste’ y pasar al amarillo, es un toque de atención pudiendo volver al verde conforme se portan mejor.

Ahora bien, ¿Qué ocurre cuando no corrigen su actitud y llegan al rojo? De éste no se puede salir durante el día escolar pues se considera que ha sido un comportamiento que ha perjudicado al resto del grupo y al devenir de la clase.

Sin olvidar que el centro escolar tiene su propio código de disciplina para hechos que pudieran ser graves, para el día a día del aula donde se puede estar más centrado o disruptivo, llevamos a cabo la autogestión.

Por lo general, deben compensar esa actitud contraria al bienestar del grupo. Así, suelen realizar tareas que les recuerde la madurez que ya poseen y el sentido de la responsabilidad respecto a los demás. La semana pasada, a modo de ejemplo, algunos estudiantes ayudaron a los pequeños del primer ciclo en el ajedrez durante los recreos o al orden de petición del baño. Igualmente, pueden ayudar con sus talentos a alumnos que tienen más dificultades en alguna actividad. Por ejemplo si ese alumno es bueno en cálculo, deberá ayudar a otro alumno con dificultades en esa destreza. Incluso, si es un hecho relacionado con algún tema concreto, pueden tener que realizar alguna actividad creativa al respecto tales como escribir un cuento, cómic, dibujo…

Eso sí, cuando se pasa al rojo, SIEMPRE  tengo un momento de charla y reflexión privada con el niño o la niña (nunca en público) para entender los motivos y propuestas de mejora. Importante siempre escucharles, que no lo entiendan como injusto (incluso corroborar con testigos del suceso si es necesario) y llegar a un acuerdo en las tareas de compensación.

Fuente:https://maestroenelaula.

La importancia de los pequeños detalles.

Os adjunto este artículo que me ha parecido de interés, escrito por Marta Macho Stadler, Matemática y divulgadora científica, con el fin de que reflexionemos sobre esos esteriotipos que transmitimos, casi de forma insconciente a nuestro alumnado.

Recuerdo que cuando iba a la escuela, mis profesoras y profesores siempre me llamaban por el nombre, nunca por el apellido. Es cierto que mi apellido es un poco peculiar y probablemente evitaban algunos chistes fáciles en el aula… Aunque no creo que –como a mis hermanas… o a mi hermano– el que usaran nuestro apellido me hubiera causado ningún problema.

Lo que no recuerdo –han pasado muchos años– es si el profesorado nombraba a niños y niñas por su apellido, o más a los niños… no lo recuerdo.

Menciono esta anécdota porque hace unos días, Eduardo Angulo escribía un artículo en el que hablaba precisamente sobre la manera de nombrar a mujeres y hombres desde el espacio político hasta el de la ciencia: “Solo con el apellido y en nuestro entorno, no se reconoce a la mujer. Bastaría con decir nombre y apellido para todos pero, por lo que vemos, para la mujer es más adecuado decir solo su nombre“.

Este detalle, que muchas veces pasa desapercibido, es una muestra de los sutiles sesgos de género a los que nos enfrentamos a diario.

En ese artículo, Eduardo Angulo hablaba, entre otros, de un estudio realizado sobre profesionales relacionados con las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Este estudio proporciona datos que muestran que es común referirse a los hombres solo por su apellido –por ejemplo, Darwin concibió su teoría de la selección natural en 1838– mientras que es menos frecuente mencionar a las mujeres solo por el apellido, aunque si por el nombre.

Esto sucede tanto cuando se habla de personas dedicadas a la investigación –en redacciones realizadas por alumnado, en informes, en la prensa, etc.– como cuando a un grupo de estudiantes se le pregunta por la manera en la que se refiere a su profesorado. Es más habitual aludir a los profesores o investigadores por su apellido, mientras que a ellas se las reconoce con mayor frecuencia por su nombre. En este estudio, las autoras identifican este uso exclusivo del apellido con la percepción de la relevancia de la persona de la que se está hablando. Es decir, ellos son los importantes. Es curioso, y da mucho que pensar, porque seguramente estos sesgos no son conscientes.

Sin embargo, muchas mujeres reivindicamos el uso del nombre, por ejemplo a la hora de firmar un artículo científico. En este tipo de publicaciones es frecuente que las personas firmantes lo hagan solo con las iniciales de su nombre y un apellido. Por cierto, si queremos que se mantenga el segundo apellido –normalmente el de nuestra madre–, lo usual es poner un guion entre el primer y el segundo apellido para que no haya equivocaciones. Para que se vea que hay mujeres que publican, muchas abandonamos hace tiempo la inicial por el nombre completo… Esto lo hacemos para hacer visible el trabajo de las mujeres: citar el nombre de pila, que no es necesario destacar en el caso de los varones.

Quizás este no parezca un tema especialmente grave, pero es un sesgo de género que me ha hecho reflexionar sobre lo que yo misma hago y la razón por lo que lo hago.

De hecho, actualmente escribo muchas reseñas sobre científicas. Es cierto que cuando no deseo recargar un texto, utilizo el nombre de pila de la mujer a la que estoy reseñando y no suelo usar solo el apellido. ¿Por qué? En realidad lo desconozco, lo hago de manera natural. En muchas ocasiones, las científicas de las que suelo hablar tienen historias de superación impresionantes, y quizás usar el nombre me parece una manera más cercana de hablar de ellas. O quizás no, quizás es un estereotipo que tengo muy interiorizado y que no había percibido.

Agradezco estos pequeños toques de atención que me ayudan a analizar esos sesgos ocultos con los que convivo en mi día a día. Es la única manera de ser consciente y, en su caso, intentar cambiar. Siendo docente se pueden transmitir muchos estereotipos de manera no deliberada… los pequeños detalles son realmente importantes.

Fuente:revistainnovamos.com  (revista de divulgación eeducativa)

¡Feliz comienzo de curso!

 

El inicio de un nuevo curso trae consigo esa chispa de entusiamo y adrenalina, una nueva oportunidad para seguir apostando por la educación como recurso esencial para lograr cambios efectivos en materia de Igualdad.

 

 

 

Os agradecemos el trabajo y el esfuerzo que realizáis en la impartición del programa, y os animamos a continuar con el fin de aumentar la práctica de los “Buenos Tratos” en nuestra comunidad educativa.

¡Feliz Curso 2018/19!